20 Dic
Otro fin de año...
0 Comentarios | argentina

Por el Dr. Luis María Degrossi
Presidente de ADEMP

El final del 2018 nos encuentra a los argentinos un tanto abrumados por los hechos económicos desencadenados y con mucha incertidumbre sobre lo que nos espera en el 2019. En cualquier caso, también nos encuentra unidos en la esperanza de que juntos, con diálogo y tolerancia, se podrá volver a salir delante de una crisis más, en la convulsionada historia de este país. Por ello, ojalá prime lo mejor de cada argentino para mancomunarnos en una salida rápida, pacífica y ordenada de estos tiempos difíciles que nos toca transcurrir.

Hacen falta serenidad y sabiduría para salir fortalecidos de la crisis. Hoy, más nunca, estas dos son las virtudes que más se necesitan también en el sector de la salud privada.

No es novedad entre nosotros que las circunstancias son en extremo complicadas. Primero, el dólar, que con su abrupta elevación desestructuró muchas finanzas, de empresas y de hogares, pero fundamentalmente de instituciones de salud privadas que, como se sabe, son muy tecnología dependientes y la tecnología médica, en Argentina, es importada. Por eso, el dólar coloca estrés financiero en las instituciones y emocional en quienes tenemos la responsabilidad de administrarlas.

Con el dólar, viene la volatilidad de la inflación, los salarios y el resto de los costos médicos. El problema es que la medicina privada tiene sus precios férreamente controlados por la Superintendencia de Servicios de Salud. En tiempos convulsionados, como nos toca vivir ahora, el sistema ajusta por el actor que menos herramientas tiene para defenderse de las subas de costos, que son, los planes de salud privados con precios controlados.

Pero más allá de los controles de precios, la otra gran limitante es la propia realidad. Los afiliados a la medicina privada son en su mayoría trabajadores asalariados formales del sector privado, que también están atravesando un tiempo difícil con pérdidas de empleo y salarios que se desvalorizan con la inflación. Enfrentar ajustes de los planes de salud suma complicaciones a los presupuestos familiares en un marco donde otros precios regulados también se están ajustando, como es el caso de los servicios públicos.

 

Si pensamos en los afiliados de los planes voluntarios, que son jubilados, cuentapropistas, amas de casas con un sostén precario, la situación para enfrentar ajustes de precios es aún más complicada. No por ello, la medicina privada dejará de pensar en sus afiliados voluntarios.

El desafío es doble. Hay que trabajar codo a codo con las autoridades de la Superintendencia de Salud para encontrar vías que impidan que los precios de la medicina privada se retrasen respecto a los precios generales de la economía y de la evolución de los costos de la medicina en Argentina. En paralelo, hay que trabajar codo a codo con las autoridades y actores del arco político amplio a fin de convencer de que los recursos en salud son finitos, y mucho más lo son en la medicina privada donde quién financia no es el Estado sino los propios ciudadanos con el fruto diario de su trabajo que hoy pende de un débil hilo.

Hay que incorporar en la inteligencia de la dirigencia la idea de que, aunque parezca paradójico, en salud “dar por dar”, sin consideraciones de costos y efectividad, implica desprotección. Desprotección para las personas beneficiadas por la generosidad de acceder a tratamientos, técnicas y medicamentos con efectividad no comprobadas, porque se están sometiendo a intervenciones con resultados desconocidos. Desprotección también para las personas no beneficiadas por la generosidad, porque se profundizará la escasez de recursos sanitarios para financiar prácticas cuya efectividad están comprobadas. Si se quiere un sistema de salud robusto y responsivo a las necesidades de la gente hay que ser muy respetuoso de los recursos disponibles y de la costo-efectividad de los tratamientos.

Termina un año difícil para quienes tenemos el honor (aunque muy desafiante la honra, por cierto) de dirigir y administrar “Entidades de Salud Privadas”. Se avecina otro año cargado de incertidumbre, preguntas sin respuestas y complejidades para la gestión. Por eso la invitación para el 2019 es a mantenerse sereno, apelar permanentemente al diálogo fraterno y basado en argumentos técnicos, y no dejar de buscar –aun sabiendo que posiblemente nunca se llegará a ella– la sabiduría.

La sabiduría de identificar las cosas que se pueden cambiar, entender cómo cambiarlas y reconocer para adaptarse a aquellas que no se pueden cambiar.

 

FUENTE