06 Nov
Se acelera el envejecimiento de la población en Argentina: Pensar nuevos instrumentos es Urgente.
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Imbuidos en la coyuntura, se pasa por alto que tendencias de largo se convierten en hechos de corto plazo. Este es el caso del envejecimiento. En la próxima década, los demógrafos advierten que en Argentina no habrá crecimiento de la población joven, pero sí de los ancianos. Por eso, es urgente para el sistema de salud empezar a actuar con herramientas de uso racional del recurso sanitario. La propuesta es sistematizar la formación profesional de Cuidadoras de Personas.

El envejecimiento en el sector privado de la salud

No es una novedad que los países de ingresos medios están entrando en una fase de aceleración en el envejecimiento de su población. Argentina no es la excepción. Las proyecciones poblacionales para los próximos 10 años –es decir, entre el 2017 y el 2027– señalan que los jóvenes menores de 20 pasarán de representar el 33% de la población al 30%, mientras que los mayores de 60 años pasarán de representar el 15% de la población al 18%. En principio, estos porcentajes parecerían no tener mucha envergadura. Al fin y al cabo se trata de 3 puntos porcentuales sin que se revierta de manera importante la proporción de jóvenes respecto a la de adultos mayores. 

Pero estos cambios porcentuales tienen subyacentes cambios demográficos inéditos. Se trata de un virtual estancamiento de la población menor a 20 años y el crecimiento de 1,5 millones de mayores de 60. En otras palabras, en los próximos 10 años, no habrá crecimiento en la cantidad de jóvenes en Argentina, pero habrán un millón y medios más de adultos mayores. Claramente, se está en un punto de inflexión en la cual el proceso de envejecimiento se acelerará, ya que no va a haber más crecimiento de jóvenes en términos netos. 

En la medicina privada el envejecimiento llegó hace rato. El Gráfico 1 es muy ilustrativo.

Fuente: elaboración propia en base a Comisión de Auditores ADEMP y CELADE

Como se observa, mientras que la población general todavía guarda cierta progresión en la estructura etaria (hay más jóvenes que adultos y más adultos que ancianos), en la población de la medicina privada hay más o menos la misma proporción de personas de mediana edad que en la población general, pero hay más ancianos que jóvenes. 

Esta particular forma que adopta la estructura poblacional de la medicina privada se explica por el hecho de que las personas se afilian cuando están en edades activas y permanecen cuando entran a la ancianidad, que es precisamente cuando prevén que más van a utilizar los servicios médicos. Tampoco ayuda que la seguridad social (el PAMI y las obras sociales provinciales) carezcan de razonables niveles de accesibilidad y calidad de los servicios médicos para la tercera edad, fundamentalmente para el perfil de demanda médica de los segmentos medios y altos de la sociedad, lo que profundiza la motivación (o incluso la necesidad) de preservar la cobertura privada en la ancianidad. La primera derivación de estas proyecciones es que la dinámica del gasto de la medicina privada tendrá una tendencia secular y sostenida hacia el alza. En primer lugar, porque el envejecimiento está estrechamente asociado con la frecuencia del consumo. En segundo lugar, porque en la ancianidad las enfermedades son más complejas, no siempre tienen cura sino que las estrategias médicas se dirigen a cronificarlas a través de acciones de control de la enfermedad. En tercer lugar, porque los avances de la medicina se van sesgando hacía las enfermedades de la tercera edad, que es donde está la mayor demanda tanto en términos de cantidad como de complejidad y, como se sabe, en medicina, el avance técnico siempre viene de la mano de mayores precios. 

Es por esto que en la medicina privada se abre la necesidad de empezar a agudizar el ingenio para intensificar el uso de métodos de atención que en lo posible eviten y/o que sean menos costosos que la hospitalización y la tecnificación. 

Con el envejecimiento cambia la demanda médica

El Cuadro 1 muestra una interesante evidencia extraída de las estadísticas vitales que pública el Ministerio de Salud de la Nación. Se trata del cambio en la morfología de las causas de muerte en los últimos 15 años en la Argentina cuando se pasa los 75 años de edad.
Allí se observa que entre el 2000 y el 2015 la tasa de mortalidad general subió levemente. Esto se explica por el envejecimiento, ya que a medida que aumenta la proporción de ancianos, va a aumentando la proporción de muertes. Esto se observa más fácilmente con el porcentaje de muertes que se producen pasados los 75 años que pasó desde un 45% en el año 2000 a un 52% en el año 2015. 
Lo más notable es el cambio en la estructura de las causas. Un 73% de las muertes se producen por enfermedades asociadas o que se intensifican en la ancianidad, que son, las enfermedades circulatorias, los tumores, las enfermedades respiratorias y las mentales. En los últimos 15 años (o sea, en el pasado muy reciente) hubo un cambio en el perfil de mortalidad: disminuyó sensiblemente la proporción de muertes por enfermedades circulatorias, disminuyó también la proporción de muertes por tumores y subió la proporción de muertes por enfermedades respiratorias y mentales (Cuadro 1).

El cambio en el perfil de mortalidad señala que hubo un cambio en el perfil epidemiológico. Ahora, en la ancianidad la gente tiende a morirse menos de infartos, ACVs y cáncer, y más por enfermedades de la cuarta vejez (afecciones respiratorias y mentales). Esto implica que hay un cambio en la demanda de servicios de salud y se va a profundizar con el avance de las técnicas médicas que cada vez tiene más control sobre las secuelas de los infartos, los ACVs y los cáncer. Va a haber un importante crecimiento de la demanda por cuidados de la ancianidad, además de los de las enfermedades de la ancianidad.

En particular, los cuidados de la ancianidad hacen referencia a la ayuda cuando se pierde la independencia en la ejecución de la rutina diaria (trasladarse, asearse, vestirse y alimentarse) y ligado a esto el acompañamiento para el bienestar emocional. La institucionalización de ancianos ante la aparición de estas barreras o apelar a los cuidados domiciliarios con enfermeras es muy costoso, porque se requieren muchos recursos especializados (institucionalización) o el uso de recursos escasos (enfermeras). Definitivamente, hay que tratar el tema con herramientas nuevas. 

Propuesta de política: cuidadoras de personas

La necesidad de contar con personas especializadas en el cuidado de personas en edad avanzada puede ser la oportunidad para solucionar otro problema que es la falta de empleos para las mujeres, jóvenes en primer lugar, y de mediana edad, en segundo lugar. En el Gráfico 2 se presenta un panorama sobre el tipo de inserción de laboral de las mujeres urbanas en la Argentina para diferentes tramos etarios. Como puede observarse, el problema de las mujeres en edades tempranas (15 – 29 años) es la baja ocupación y ciertas dificultades para encontrar empleo cuando buscan (desempleo), sin embargo, es mayoritario el caso de la inactividad laboral. Es decir, mujeres en edad de trabajar que no trabajan en el mercado laboral. Algunas estudian, pero las más están abocadas a tareas del propio hogar (amas de casa). Muchas de estas jóvenes ya procrearon y tiene serias deficiencias de ingresos. En este segmento (mujeres jóvenes con hijos que no trabajan) es donde frecuentemente se presenta la pobreza.

Lo que también se observa es que la inactividad laboral entre las mujeres se revierte al pasar los 30 años de edad. Es decir, la mitad de las mujeres que eran inactivas en la juventud, entran al mercado laboral como ocupadas cuando pasan los 30 (por eso la tasa de ocupación salta de 32% a 66%), y esa proporción se mantiene hasta los 60 años, que es la edad de jubilarse. Este “salto” en la incorporación al mercado laboral pasando los 30 años se explica porque muchas mujeres resuelven el tema del cuidado de los hijos al entrar a la mediana edad, debido a que los hijos entran a la edad escolar o bien en la pubertad o adolescencia donde adquieren cierta autonomía (la suficiente como para que la mujer pueda incorporarse al mercado laboral). Sin embargo, persiste un remanente alto de mujeres entre 30 y 60 años de edad que permanece en la inactividad laboral, pero que bien podrían tener alta potencialidad –con preparación previa– a incorporarse al mercado laboral de la salud como cuidadoras de salud.

Las mujeres entre 30 y 60 años inactivas (amas de casa) tiene sensibilidad y en muchos casos experiencia para el cuidado de personas porque seguramente lo hicieron con los hijos y con adultos mayores, como los padres u otros familiares. Estos mismos saberes, sistematizados con algunas acciones específicas de capacitación, pueden convertirse en un instrumento laboral que les permita a estas mujeres, hoy inactivas, a incorporarse al mercado laboral y convertirse en una fuente adicional, genuina y sostenible de ingresos al hogar. Esto necesariamente se traducirá en mayor progreso económico para muchos hogares que hoy deben atravesar dificultades económicas algunos incluso rozando la pobreza. En síntesis, lo que habría que instrumentar desde la política pública son cursos de capacitación, en lo posible reconocidos oficialmente por el Instituto Nacional de Educación Técnica (INET), de no mucha extensión horaria en su fase de instrucción pero sí con mucha práctica de formación en el trabajo, para otorgar un título de “Cuidadora de Salud Certificada”. Para que este tipo de acción de capacitación tenga garantía de calidad, la práctica formativa debe ser realizada con ancianos bajo la supervisión de personas idóneas que hoy trabajan en el sistema de salud haciendo geriatría. Al ser una acción de capacitación implica que sería un recurso humano de calificación media, no profesional, pero con saberes reconocidos y evidenciados. 

Incluso, en etapas de mayor maduración, se podría instrumentar con el Ministerio de Trabajo certificaciones de competencias a fin de garantizar la calidad de los saberes de las “Cuidadoras de Salud”. Estas certificaciones de competencias se hacen en base a reglas y criterios de evaluación definidos por universidades, organismos del tercer sector e instituciones especializadas en geriatría y cuidados de la ancianidad, y la evaluación debe ser realizada por evaluadores también certificados.

En suma, se trata de convertir un desafío social creciente (el cuidado de ancianos) en una oportunidad (empleo para mujeres que hoy no generan ingresos laborales dentro de sus hogares). La contribución al sistema de salud sería extrema porque evitaría el uso de la hospitalización o de enfermeras (recursos caros y escasos) en una acción que es mucho más eficiente y humana realizarla en el domicilio del anciano con gente bien preparada y saberes especiales. Este sería un salto de trascendencia hacia el uso racional de los recursos en salud.