20 Dic
XVII Congreso Latinoamericano de Salud
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La Asociación Latinoamericana de los Sistemas Privados de Salud (ALAMI) y la Asociación Dominicana de Administradoras de Riesgos de Salud (ADARS) celebraron el XVII Congreso Latinoamericano de Salud, en el cual se abordaron temas sobre los “Aportes del Sector Privado a la Salud en América Latina”.

 ALAMI es una organización continental que promueve los sistemas privados de salud en América Latina, estimulando la inclusión de los países de la región al libre intercambio de conocimientos entre empresas que asuman el riesgo de administración de planes de salud prepaga y medicina de grupo en seguro de salud. Su directorio está conformado por representantes de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, México, Paraguay, Perú, Uruguay y República Dominicana. Tiene sede en San Pablo, Brasil.

La Asociación Dominicana de Administradoras de Riesgos de Salud es una organización sin fines de lucro que aglutina a las principales ARS privadas de la República Dominicana.

El Congreso se llevó a cabo el 2 de noviembre del año en curso, en las instalaciones del hotel El Embajador, at Royal Hideaway Hotel, en la ciudad de Santo Domingo, con la participaron de una  numerosa concurrencia de actores de salud de la seguridad social, del ámbito estatal y del privado. Durante su desarrollo, figuras de reconocida experiencia en el área, abordaron temas tales como avances y retos del sector salud en República Dominicana; la colaboración público-privada y los aportes de este último sector a los sistemas de salud, importancia de la tecnología, estatus, perspectivas y oportunidades de los sistemas de salud en Latinoamérica.

Conociendo a los oradores del Congreso:

El Dr. Andrés Mejia, Presidente del Consejo de Directores de ADARS, miembro del Consejo de Directores de ALAMI, dio la bienvenida a todos los presentes.

Dr. Andrés Mejía

                                                         

Luego el Lic. Hugo Magonza, Presidente de ALAMI dio su discurso de inauguración del Congreso[1]

 

 

                                                                                        Lic. Hugo Magonza

 

 

La primera conferencia sobre “Avances y retos del Seguro Familiar de Salud en la República Dominicana”, estuvo a cargo del Sr. Rafael Pérez Modesto.

 

 

 

     Dr. Rafael Pérez Modesto

 

Luego, dio su conferencia magistral el Dr. Ignacio Riesgo que trajo su aporte y experiencia sobre “Algunas enseñanzas de los procesos de colaboración Público-Privada en Salud en España”.

 

Dr. Ignacio Riesgo

 

 

En horas de la tarde tuvo lugar el panel que trató el tema “Importancia de la Tecnología en los Servicios de Salud”. Los panelistas fueron Jaime Caycedo de República Dominicana, Rafael Caviedes de Chile y Juan Pablo Currea de Colombia, siendo el Moderador Hugo Magonza de Argentina.

 

                                    De Izquierda a derecha: Hugo Magonza, Jaime Caycedo,

                                                             Juan Pablo Currea  y Rafael Caviedes.

 

 

 

 

 

 

Jaime Caycedo:

 

Rafael Caviedes:

 

Juan Pablo Currea:

La tercera conferencia estuvo a cargo del Dr. Ramón Abel Castaño y trató sobre “Perspectivas macroeconómicas en Latinoamérica y oportunidades para los seguros voluntarios”

 

                      Dr. Ramón Abel Castaño

 

Finalmente, las palabras de clausura del Congreso, estuvieron a cargo del Presidente Ejecutivo de ADARS, el Sr. José Manuel Vargas.

Las autoridades de ALAMI se mostraron satisfechas con la jornada y repercusión favorable del evento.

1

Discurso inaugural del Presidente de ALAMI, Lic. Hugo Magonza

 

 

“En nombre de las entidades que integran ALAMI les doy la bienvenida a este XVII CONGRESO LATINOAMERICANO DE SALUD.

ALAMI es una organización que nuclea a entidades del cuidado de la salud con representación en 10 países de la región y que tiene bajo la protección de sus distintos modelos de atención a más de 100.000.000 de beneficiarios.

Nuestras entidades   dan cobertura por sí o por terceros a beneficiarios del sistema público, de la seguridad social y privado.

En su forma jurídica, son organizaciones privadas que colaboran con el Estado en el cumplimiento de las políticas sanitarias.

Somos complementarias de su rol, dado que éste es el   responsable primario de la salud de la población.

Hace más de 25 años me tocó dar mi primera charla sobre la situación del sistema sanitario y los desafíos a que se enfrentaba: envejecimiento poblacional, transición epidemiológica, incursión de las nuevas tecnologías, cronicidad de las enfermedades y su consecuencia en el impacto presupuestario.

Hoy todo lo que parecía lejano se ha cumplido y es muy probable que en esta breve introducción no tenga nada nuevo para aportarles en ese sentido.

Por ese motivo, prefiero aprovechar este valioso tiempo para ir un paso hacia atrás y ver de abordar las condiciones sociales, económicas y políticas en que nuestras organizaciones se desempeñan.

Es una realidad incontrastable,  que, salvo situaciones excepcionales, todos somos insolventes ante la magnitud de los costos del sistema sanitario.

Es por ello que se hace necesario la existencia de organizaciones que en forma eficiente y solidaria, gestione los recursos que depositan las personas cuando están sanas y jóvenes para cuando lo requieran ante la vejez y/o la enfermedad.

Lamentablemente la  salud, en general es importante en la consideración social, cuando está ausente o cuando se debe pagar por ella.

Encuestas de nuestro país la ubican más allá del puesto 10 en el orden de las preocupaciones, situación que se repite en muchos países de Latinoamérica, particularmente en poblaciones bajo cobertura formal.

A pesar de ello hay un criterio muy difundido en la sociedad; es que la salud debe ser gratuita y se rechaza  el concepto de que todo buen, servicio  o derecho,  conlleva un  costo.

A la sociedad, sus gobernantes y legisladores, les cuesta mucho vincular los derechos con las obligaciones, especialmente, al momento de definir qué prestaciones cubrir y cómo solventarlas. 

A los conceptos de “salud para todos y acceso irrestricto” a las prestaciones sanitarias, se le han sumado prestaciones de índole social o seudo asistenciales de dudosa evidencia científica y nula posibilidad de financiamiento con los recursos provenientes de la asistencia médica.

La atención de la   discapacidad y la enfermedad terminal,   se trasfiere del Estado y las familias, al sistema de cobertura médica.

Aunque el 80% de los pacientes terminales prefieren terminar sus días en su casa, por razones de disponibilidad horaria, comodidad o rechazo al concepto de la muerte como parte de la vida, las familias mayoritariamente prefieren que estos mismos pacientes permanezcan internados.

En el Reino Unido el 20% de las camas hospitalarias son ocupadas por pacientes en fase terminal.

En los EEUU la atención del paciente en el final de la vida consume el 25 % del gasto total en salud y el 33% de las re internaciones se producen en los últimos 30 días vida.

Esto es el comienzo de un problema del que solo vemos la punta del iceberg.

La magnitud del mismo es tan grande, que el Papa Francisco, en ocasión de la apertura del IV Seminario de Ética en la Gestión de Servicios de Salud, que se realizó en el Vaticano a comienzos de octubre, abordó este tema con sus consecuencias sociales, éticas y económicas, instando a trabajar mancomunadamente al sector público con el privado para hacer frente a semejante desafío.

Nuestra actividad se desarrolla en un mercado imperfecto, donde quien indica no paga ni recibe, quien recibe no indica ni paga y quien paga no indica ni recibe.

Creer que las reglas de la economía, no tienen injerencia o no deben tenerla   en el sistema de la salud no solo es una utopía sino una ingenuidad.

El sistema está sometido a una puja de intereses, algunas veces legítimos y otros espurios,  en donde el paciente, sin ayuda ni guía,   no es un  comprador  capacitado, dado que no tiene los conocimientos suficientes  para saber  qué es lo que más le conviene.

Cuál es la diferencia entre un mercado perfecto y el imperfecto mercado de la salud?

En  un mercado perfecto las motivaciones para la adquisición de bienes y servicios, son basadas mayoritariamente en los deseos (salvo en artículos de primera necesidad) y su límite lo impone la capacidad de pago; mientras que en el sistema sanitario la motivación está fundada, mayoritariamente,  en la necesidad y  para ella no hay límite,  si es un tercero  el que lo financia.

Por esa razón, si bien nuestras instituciones son jurídica y conceptualmente privadas, requerimos necesariamente de la presencia de un estado rector que medie entre la puja de intereses sectoriales y le dé predictibilidad y sustentabilidad al sistema.

Parece un contrasentido, pero la perdurabilidad del sistema, la extensión de sus beneficios a mayor cantidad de individuos, los conceptos de solidaridad y equidad, son fuertes reclamos del sector privado hacia el Estado,  para que en forma eficiente, arbitre estos recursos valiosos pero escasos,  en pos del bien común.

Lamentablemente, en algunos de nuestros países se ha arraigado el concepto del “populismo sanitario”.

Este se produce por una combinación de factores, un Poder Ejecutivo resistente a cumplir su rol, por considerarlo  políticamente incorrecto, los legisladores que agregan, en una compulsión normativa y ajenos a una política nacional de salud,  coberturas a la canasta prestacional sin determinar un financiamiento adicional y  los jueces que interpretan el derecho a la salud en forma laxa e ilimitada,  vulnerado las ya de por sí frágiles normas, tanto de convenios privados como los de orden público.

A pesar de ello, la cobertura médica privada ha evolucionado satisfactoriamente en los últimos 30 años, con altos índices de satisfacción, de hecho los beneficiarios la valoran y consideran su ausencia como una pérdida.

Los indicadores sanitarios en este sector, han mejorado notablemente y los servicios se superan constantemente en complejidad y calidad.

Pero, las sucesivas trasferencias de las responsabilidades públicas al sector privado y finamente a sus beneficiarios, la falta de coberturas definidas, una industria de la tecnología  y  fármacos,  de evolución y  crecimiento  exponencial,   sin una tutela  del estado,  en cuanto a sopesar  los beneficios y/o los perjuicios  que  podría producir,  tanto sea  presentes como  futuros  y al control de los precios de las nuevas   tecnologías  al momento de su  incorporación, hará que el sistema salga de su equilibrio y finamente colapse.

Particularmente,  teniendo en cuenta que los propietarios   de  cada nueva tecnología, en un principio, tienden a comportarse de manera monopólica;   una  manera de enfrentar este abuso de posición dominante es a través de un monopsonio y en este caso es, nuevamente, el Estado quien está  en mejor posición de competir,  en representación de la mayoría de los compradores.

No le podemos pedir al Estado que detenga el avance de las ciencias médicas, tampoco que modifique el proceso de transición epidemiológica ni que ejecute en el  corto plazo las políticas que mejoren los determinantes sociales de la salud, fuente de más del 80% de las mejoras de la calidad de vida.

Pero si le podemos pedir, que establezca normas claras y duraderas, que evite la demagogia sanitaria, que no avale prestaciones sin evidencia, que no cargue a la sociedad con los mayores costos de prácticas innecesarias o ajenas al sistema sanitario. Que cumpla con su rol de tutoría, en el amplio sentido de la palabra y que en su ejercicio utilice la palabra NO cuando corresponda a sabiendas que decir NO, no te hace ganar votos ni amigos.

No le pedimos al estado que nos dé una mano sino que nos saque un peso de encima, para poder hacer lo que estamos capacitados para hacer: prevenir, curar y rehabilitar, con los mayores niveles posibles de calidad y eficiencia.

Muchos dicen que tenemos como sociedad “el estado que nos merecemos”; para que el sistema sea virtuoso necesitamos un cambio en la conducta social en general y en particular sobre la compleja problemática del sistema de salud y dar vuelta la frase a hacer todo lo necesario para “Merecer un Estado mejor”.

Esto me refiere a un cuento corto de Gabriel García Márquez: cuenta que un científico vivía preocupado por los problemas del mundo y estaba resuelto a encontrarle una solución. Pasaban los días y su trabajo era infructuoso, cierto día su hijo de 7 años invadió su santuario decidido a ayudarlo. Él le pidió que fuera a jugar a otro lado, pero este se negó, viendo que era imposible hacerle cambiar de opinión, encontró en una revista un mapamundi, justo lo que necesitaba. Lo corto prolijamente en varios trozos y le dijo: tomate tu tiempo para reconstruir el mundo. Calculó que al pequeño le llevaría como mínimo 10 días recomponer el mapa. Pero no fue así, pasadas algunas horas el niño le dijo “Papá, ya conseguí terminarlo”, pensó que ésto sería imposible pero fue grande su sorpresa al ver el trabajo terminado perfectamente. Sorprendido le preguntó cómo había hecho y éste le respondió: del otro lado de la hoja de la revista donde estaba el mapa del mundo había un hombre, di vuelta los trozos de papel y siguiendo la figura del hombre fue mucho más fácil reconstruir al mundo.

Moraleja 1: Para arreglar el mundo hay que empezar por reconstruir al hombre

Parafraseando: Moraleja 2: Para recomponer el sistema de salud, se empieza reconstruyendo la sociedad y su modelo de organización, que es el Estado.

Caso contrario, todo esfuerzo será infructuoso.

Espero que este XVII Congreso Latinoamericano de Salud, colme las expectativas que los convocaron a esta hermosa cuidad de Santo Domingo

Agradezco a las autoridades de ADARS por la organización de este evento y por el trato afectuoso a que siempre nos tienen acostumbrados

Y muy especialmente a UDs, porque siN su preSencia este esfuerzo no tendrÍa sentido.

Muchas Gracias.”

 

 

 

 

 


[1] Discurso al final del documento